Abanca, el éxito de unos pocos, la miseria de muchos

Que nadie se llame a engaño: en Abanca el “éxito” no es de quien trabaja, sino de quien vigila. Mientras la dirección se frota las manos con sus cifras, la plantilla se pudre a diario bajo un sistema de control que no es gestión, es acoso con corbata. Los seguimientos son continuos. Y no hablamos de uno puntual, no. Hablamos de una jauría de responsables que se turnan para apretar las tuercas, como si la desconfianza fuese el único combustible que saben usar. ¿Apoyo? ¿Acompañamiento? Mentira. Esto es vigilancia, presión y un desgaste que ya tiene nombres, bajas y silencios. “Fin»
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